Termas de Caracalla

Las termas de Caracalla fueron concebidas para ser unos baños públicos de la Roma Imperial. Este complejo fue iniciado por el emperador Séptimo Severo en el 206 d.C. y completado por Caracalla entre los años 212 y 217 d.C. Se inauguró con el nombre de Termas Antoninas.

Las Termas de Caracalla fueron las más suntuosas que se construyeron en la antigüedad. Posteriormente fueron superadas en extensión por las de Diocleciano, pero no fueron capaces de igualar su esplendor. Actualmente, las extensas ruinas de estas termas son una de las atracciones turísticas más importantes de la ciudad.

El edificio fue destruido por un terremoto en el año 847, aunque no pudo ser usado desde 537 debido a la destrucción de los canales de agua durante una guerra.

Termas de Caracalla en Roma

Las termas en la antigüedad

El vasto conjunto ocupa una extensión de 13 hectáreas que podía llegar a albergar hasta 1700 bañistas. Ubicado al comienzo de la Vía Appia, el edificio principal tenía 228m. de largo,166m. de ancho y 38’5m. de alto.

El recinto se hallaba definido por un cerco cuadrangular y su diseño, como en muchos otros casos en la arquitectura romana, seguía un patrón simétrico. A su alrededor, un amplio jardín completaba el área de recreo.

Las termas eran uno de los entretenimientos preferidos por los romanos. Baños públicos con estancias reservadas para actividades deportivas y lúdicas, y se acudía a ellos tanto para mantener los cuidados corporales como las relaciones sociales.

Considerados centros de reunión a los que acudían gente que no se podían permitirse tener un baño en su casa, concurrían hombres y mujeres, libres y esclavos. Los ciudadanos también dedicaban su tiempo a hacer gimnasia en su pequeño estadio, a pasear por los jardines o asistir a la biblioteca.​

Las termas tienen un sistema de construcción muy moderno si se tiene en cuenta la fecha de su levantamiento, por lo que constituyen una maravilla arquitectónica. El complejo fue levantado en un periodo de cinco años aproximadamente, lo que supone un logro considerando la enormidad del complejo.

Los muros fueron revestidos de mármol y decorados con preciadas obras de arte, pero fueron despojadas de sus esculturas y demás riquezas desde fechas tempranas. Hoy solo quedan muros desnudos y se conservan grandes fragmentos de mosaicos, algunos de ellos correspondientes a la planta superior del edificio, que se desplomó.​​

El sistema constructivo combinó el uso del ladrillo cocido con el hormigón. Pero impresionante es el complejo sistema hidráulico que servía a los baños. El agua era traída de los manantiales de Subiaco, a 100 km de Roma, a través del acueducto Aqua Marcia y de allí se abastecía un ramo especial llamado Aqua Antoniniana.

El agua llegaba a una enorme cisterna dividida en 18 compartimentos y una capacidad de 80,000 m3. Desde allí bajaba por gravedad a unos tubos y atravesaba los jardines rumbo al edificio.

Existían tres redes de túneles, hechos para facilitar la inspección y mantenimiento de las instalaciones: para agua, desagüe y almacenamiento de madera, que era usada en cerca de 50 hornos para calentar el agua. Los hornos de leña que alimentaban los esclavos servían para calentar los suelos y paredes de las termas, además del agua.​

​Estructura de las termas

En cuanto a las estancias de las termas, se diseñaron simétricamente en torno al eje central de los baños, siguiendo el modelo habitual de la Roma Imperial. A ambos lados, dos entradas llevaban a los vestuarios con un corredor central que conducía a dos habitaciones con bóvedas de cañón.

Desde los vestuarios se podía acceder a la palestra (gimnasio), bien cubierto o al aire libre. Los usuarios hacían ejercicios gimnásticos o practicaban la lucha cuerpo a cuerpo, y mano a mano.

La zona era un amplio patio sin cubierta, rodeado en tres lados por pórticos, con techo abovedado y suelos de mosaico de espiga. En el otro lado había un amplio semicírculo. Al finalizar los ejercicios físicos, los romanos podían dirigirse a las termas, usadas conjuntamente por ambos sexos.​

El caldarium tenía una enorme sala circular cubierta por una cúpula, de la que se conservan varios pilares de sujeción. La habitación fue diseñada y situada dentro del complejo para recibir la luz del sol a lo largo del día mediante unas grandes ventanas. Sus paredes eran calentadas a través de tubos huecos de terracota.

Desde el caldarium se pasaba al tepidarium, en donde originalmente se encontraban dos grandes bañeras a ambos lados. En el centro del edificio estaba ubicada la basílica, cubierta por tres grandes bóvedas, soportadas por unos imponentes pilares.

La natatio era la última estancia a la que se podía acceder. Se trataba de una gran piscina descubierta; hoy sería considerada como una piscina olímpica, que tenía uno de sus muros frente al de la fachada exterior, decorada de nichos con estatuas.​

Por otra parte, igual de importante fue la decoración de las termas. Los mosaicos no tenían siempre el mismo diseño, en algunas áreas representaban escenas, y en otras motivos geométricos.

Además de los ricos y vívidos adornos del suelo, los baños fueron decorados con valiosas obras de arte. Algunas de las gigantescas bañeras de mármol que fueron esculpidas en un solo bloque, se trasladaron a diversos puntos de la ciudad para usarlas como fuentes. Su escultura más famosa, el grupo llamado Toro Farnesio o el Hércules Farnesio, se conservan en el Museo Arqueológico de Nápoles.

Cómo llegar a las Termas de Caracalla

​Ubicación

Via delle Terme di Caracalla, 52

​Horario

De martes a domingo: de 9:00 a 18:30 horas.
Lunes: de 9:00 a 14:00 horas.

Precio

Billete de adultos: 6€.

Ciudadanos de la UE entre 18 y 24 años pagan medio billete.

Para los ciudadanos de la Unión Europea menores de 17 y mayores de 65 años la entrada es gratis.​

Transporte

Metro: Circo Massimo, línea B.